De repente, todo se detiene. Los objetos perdidos se esparcen por el
suelo. Los conocidos, golpean la cabeza. Los ausentes, la memoria. Los
inexistentes, el alma.
Complejo guión. Fácil argumento...
Dicen que la memoria nunca se borra, pero las malas
emociones y el dolor se curan. El barro que enfanga, seca. Pisando sobre
las comisuras de antojosas formas que el tiempo moldeó con la humedad
de las lágrimas.
Al caminar, cruje.
Al caminar, se levanta polvo.
Una realidad adormecida que arrebata tranquilidad al tiempo que
transcurre sin pausa. Miles de pensamientos caóticos se agolpan en la
mente diezmada por tantos sucesos. Pasividad neuronal que ya no es capaz
de detener la fuerza compulsiva de la preocupación. Se extendiende por
las venas como agua desmerecida.
Sobre cualquier alma, se cierne una amenaza. Sobre cualquier vacío, lo
inmenso. Sobre la vida, el desvanecimiento. Sobre cualquier sueño, la
visión de no desear tenerlo. Sobre la esperanza, la ironía. Sobre el
goce, la desilusión. Sobre el olvido, el inevitable recuerdo.
Sudor. Aturdimiento. Sombras acuchilladas por
sonámbulos recuerdos. Pensamientos difuminados. Con lentitud, la verdad.
Sin causa ni efecto. Presente. Lamentos para los versos, no para las
risas.
Prefiero los senderos sobre los que se extiende la humedad como tierna
ilusión. Hacia adelante, aunque haya cosas del pasado que me alcancen... (Excepto una: ni me alcanza ni lo va a lograr, ni yo tengo interés en que lo haga. No sos ni un recuerdo, no te confundas, sos chiquitito, chiquitito)
[¡No más lágrimas de súplicas al cielo! Ya sos la nueva disidente del desconsuelo (...) En vano vas a activar tus ardiles infantiles ]