El hombre no es ni una piedra ni una planta, y no puede justificarse a sí mismo por su mera presencia en el mundo. El hombre es hombre sólo por su negación a permanecer pasivo, por el impulso que lo proyecta desde el presente hacia el futuro y lo dirige hacia cosas con el propósito de dominarlas y darles forma. Para el hombre, existir significa remodelar la existencia. Vivir es la voluntad de vivir

sábado, 14 de enero de 2012

Samsara

¿Nos engaña la mente? ¿Por qué se nos hace más fácil prejuzgar que intentar encontrar otras respuestas a nuestra primera impresión? ¿Por qué, a veces, son tan apresuradas nuestras opiniones, juicios y veredictos? Tal vez algunos, en mayor o menor medida, nos hagamos preguntas simples como: ¿Nos pueden garantizar la paz fabricando más y más armas? ¿Es justo que una sola persona acumule 53 mil millones de dólares, mientras otros miles de millones de personas mueren de hambre y de enfermedades curables por año? ¿Cuándo y por qué comenzamos a juzgar a las personas por su raza, religión, nacionalidad, status económico, preferencia sexual o apariencia? ¿Por qué sólo nos damos cuenta de que las posesiones materiales, las que perseguimos continuamente esperando alcanzar la felicidad, carecen de valor cuando perdemos la salud? ¿Por qué le damos valor a la libertad sólo cuando nos la quitan? ¿Desde cuándo lo feo es malo y lo lindo bueno? Lamentablemente, muchas de las respuestas a estas preguntas las encontremos a mano en el “sentido común” y, como es común (del ser humano), a veces está cargado de prejuicio, intolerancia, odio, discriminación e ignorancia a la vez.

Otras preguntas que podemos hacernos nos generan quizás más temor, ya que según a la conclusión a la que lleguemos estaremos parados, a un lado o al otro, de los muros de la “normalidad”. Preguntas como: ¿Existe una realidad más allá de lo que pueden captar nuestros cinco sentidos? ¿Estamos solos en el universo? ¿Qué energía hay dentro de toda esta compleja ingeniería a la que llamamos cuerpo? ¿Qué son los milagros? ¿Existe un Dios, cualquiera fueran nuestras creencias, que va a premiarnos o castigarnos cuando nuestros días en la tierra lleguen a su fin? ¿Qué es la muerte? Pero sin duda la pregunta que más nos urge y cuesta responder desde nuestro diminuto y casi imperceptible lugar, ante la imponente magnitud del universo, es: ¿Qué podemos hacer para cambiar el rumbo de autodestrucción que ha tomado el mundo? Un claro ejemplo es el del SAMSARA (concepto de reencarnación dentro de las tradiciones filosóficas de la India) y el símbolo milenario que lo representa, cuyo significado es prácticamente desconocido por la mayoría de los occidentales. Partiendo de este ejemplo y proyectándolo hacia situaciones similares, que pueden sernos más cotidianas, proponemos como cambio, a través de una comunicación libre de condicionamientos, intentar derribar verdades absolutas e impuestas para que nos permita realizar la búsqueda de nuevas respuestas a las incesantes preguntas que se nos presentan.



En este cínico plan, de aislarnos ciegos y sordos a la vez.
Que SOLO sos un punto ciego en la ciudad -

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