Cuando llueve escribo en los vidrios empañados de la ventana de mis sueños las palabras que me revelan el sol de mis realidades.
Cuando llueve sé que no se trata de un nuevo diluvio. No se trata de llorar mares, de inundar la Tierra con el agua salada de la exageración. Es esa lágrima que cae como la estrella mirada por dos personas
invisibles. IMPOSIBLES. Unidas por la alquimia de un beso llovido sobre una noche. Es esa lágrima, que deja su rastro de incertidumbre en un cielo sin respuestas. Sin exageraciones. Sola.
Cuando llueve sé que es cierto que existe el estado que surge de la combinación de la serenidad triste y constante.
Más garúa, más te extraño
(nunca juego bien esta historia del tipo buen perdedor)

