Leí a Kant y su fundamentación de la metafísica en las costumbres, escuché a Clapton, estudié, pero me quedé dormida. Y en una de esas, para variar, te soñé. Me despertó un mensaje tuyo. Y después de unos veinte minutos de poner la mente en blanco para dejar de pensarte, volví a leer Kant. Y ya no me llenaba. Volví a poner a Clapton. Y ya no me generaba armonía. Volví a pensar ¿HASTA CUÁNDO? Y me dije "Hasta cuando vos quieras, Andrea". Pero ya no me sale sostener este papel de esbozar sonrisas, que el corazón haga un pre-calentamiento y tener que decirle "calmate pichón, no vas a entrar a jugar, eh". Y como la música me rescató y salvó mi día con hermosas noticias, traté de llenar el espacio con música, y ¿sabés de qué me di cuenta? Que hay algo en vos que me reeeeee llena y está reeeeee bueno que así sea. Y por eso, terminé queriéndote un poquito más. No te quiero tristeza, no te quiero acá. Sos una pelotuda, maleducada que no aprendió a pedir permiso.
Y el diablo se contenta
con que dudes un instante
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