Un cuerpo adolescente dormía. Un alma de mujer soñaba. Mil voces le gritaban la simple realidad intentando despertarla.
Tanto tiempo llevaba soñando que la mujer sintió que había imaginado todo, que sus sueños empezaban a repetirse perdiendo la magia. En ese instante el cuerpo perdió calor, entendió la imprevista tibieza como la muerte del sentimiento… creyó oportuno despertar para volver a la cotidianeidad.
Sin abrir los ojos aún; cuerpo y alma lloraron por las historias conocidas, el personaje olvidado, la alegría compartida y la melancolía repentina. Las lágrimas le demostraban que todavía seguían demasiado vivas… mujer, adolescente y sueños.
Ella sintió que le quedaba mucho por sentir y volvió a dormir haciendo oídos sordos a esas voces de una realidad que prefería sentir ajena.
Tanto tiempo llevaba soñando que la mujer sintió que había imaginado todo, que sus sueños empezaban a repetirse perdiendo la magia. En ese instante el cuerpo perdió calor, entendió la imprevista tibieza como la muerte del sentimiento… creyó oportuno despertar para volver a la cotidianeidad.
Sin abrir los ojos aún; cuerpo y alma lloraron por las historias conocidas, el personaje olvidado, la alegría compartida y la melancolía repentina. Las lágrimas le demostraban que todavía seguían demasiado vivas… mujer, adolescente y sueños.
Ella sintió que le quedaba mucho por sentir y volvió a dormir haciendo oídos sordos a esas voces de una realidad que prefería sentir ajena.
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