Pero errar es de humanos, y de eso se aprende. La resignación es el peor camino, o no es camino, "es un suicidio cotidiano" como diría Balzac, pero sólo se bajan los brazos cuando realmente no vale la pena. Conformarse es aún peor, pero eso te da la pauta para saber a qué aspirar, qué merece cada uno y a progresar en todo sentido. Callar y contenerse... Aprendí que no hay nada más duro que eso. Que si una palabra puede cambiarlo todo y si el silencio a veces vale más que mil de esas, hay que saber ajustarse a la situación y saber cuándo callar y cuando no. Todo eso es duro. Pero superable. Sólo existe algo que me resulta imposible superar y es la impotencia. No es dura, es dolorosa. Cuando no se puede demostrarle a alguien que está equivocado, cuando ni mil palabras bastan, cuando los silencios solamente distancian más, cuando no hay chances de explicar que no hubo tales errores, es cuando esa maldita impotencia dice presente y viene de la mano de la resignación... Y el tiempo, ese que todos dicen que todo lo cura, solamente te obliga a conformarte. Ahí es cuando no quedan cicatrices de batallas, sino heridas mal cerradas. Y ya me harté de tener esas marcas.
[A pesar de tus pifiadas yo te pude disculpar
te suplico que vos sepas disculparme ♫]

Ya te dije, todo bien. Si no te hablo es porque vos no me hablás.
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