El hombre no es ni una piedra ni una planta, y no puede justificarse a sí mismo por su mera presencia en el mundo. El hombre es hombre sólo por su negación a permanecer pasivo, por el impulso que lo proyecta desde el presente hacia el futuro y lo dirige hacia cosas con el propósito de dominarlas y darles forma. Para el hombre, existir significa remodelar la existencia. Vivir es la voluntad de vivir

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Perséfone

Siempre me fascinó el mito de Perséfone, esa princesa raptada por el dios del reino subterráneo. Mientras Perséfone está con él bajo tierra, en la superficie es invierno, cuando ella vuelve a la superficie todo renace, es la primavera.
Siempre me sentí como Perséfone, atrapada, secuestrada en el inframundo, cautiva de un dios tirano, pero muy seductor, sabiendo que arriba había un mundo mejor, un mundo mucho más agradable, más feliz, un mundo que además me necesitaba, un mundo donde el amor y la ternura eran posibles, un mundo más cálido que el frió subterráneo.

Es hora de terminar con el invierno, de dejar que todo florezca, es hora de que la vida que estaba escondida esperando que pase el invierno pueda surgir con toda su fuerza vital.
Es tiempo de salir de la oscuridad subterránea a la luz de la superficie, es tiempo de renacer:  renovarse, volver a nacer, salir del capullo, abrir los pétalos, asomar al sol, que el calor te tome el cuerpo, el alma, calzarse las sandalias, volver a los colores, mirar a mi lado una rosa fresca, es tiempo de dejar los abrigos, de olvidar las flores marchitas.
El invierno es poderoso, un asesino letal, pero la primavera es rebelde, es revolución, es fuerza vital que se abre paso a algo nuevo.
El invierno es acción, pero la primavera es reacción, para que llegue la primavera primero hay que atravesar el invierno, para renacer primero hay que morir.



[Hay que saber ser flor mientras vuelan guadañazos
ser princesa sin un rey que te estreche entre sus brazos,
   saber ser un ángel en un infierno permanente...]

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