(Mi espada es el amor; mi escudo, el humor; mi hogar, la coherencia; mi texto, la libertad)
El hombre no es ni una piedra ni una planta, y no puede justificarse a sí mismo por su mera presencia en el mundo. El hombre es hombre sólo por su negación a permanecer pasivo, por el impulso que lo proyecta desde el presente hacia el futuro y lo dirige hacia cosas con el propósito de dominarlas y darles forma. Para el hombre, existir significa remodelar la existencia. Vivir es la voluntad de vivir
lunes, 7 de noviembre de 2011
Una realidad un poco más feliz necesita dos condimentos
(El tema fue uno de los momentos más lindos de la noche en Obras. Bellísima canción Medio Corazón... Cierta y muy justa para este momento, además)
A veces pienso que las únicas ocasiones en las que no me molesta ser una más, ser parte de la masa y no sobresalir por hacer lo mismo que los demás son en un recital o en una cancha. La música y el fútbol. Aun en tiempos complicados, la música logra rescatarme, a veces me lleva a donde no quiero, otras me aleja y otras me transporta a lugares únicos producto de esa conexión mágica que establece con mi mente y mi espíritu.
Por otro lado, el fútbol me permitió conocer amigos, unirme más a mi viejo, guiarme a elegir una vocación y desde el lugar del hincha, me ayuda a olvidarme de todo por 90 minutos. Creo que Eduardo Sacheri lo describe de la mejor manera: "Sigo pensando que es más real un partido que un libro. A lo mejor por una cuestión de protección. En el fútbol, yo creo que tengo un límite, como le pasa a muchos hinchas. No me quiero enterar más. Yo para hacer el libro podría haber averiguado más sobre estas prácticas que tiene el fútbol, sobre jugadores que entregan partidos o réferis. Pero no quise. Me pasó eso que le sucede a los nenes. Como los chicos siempre preguntan hasta un cierto punto y después no preguntan más. Yo no quiero perder el mundo del fútbol. Aunque sea ridículo, hay un punto en que está bueno tener ese punto de ingenuidad. No estoy del todo seguro de querer saber toda la verdad. A lo mejor sufriría menos. Pero entro en el pacto ficcional y listo."
Ayer los muchachos de Cielo Razzo dieron un show impecable y después de muchos findes en los que terminaba derramando más de una lágrima, esta vez las únicas gotas que salían de mi cuerpo eran de sudor, por el calor y la euforia de un par de locos que pegados unos a otros saltamos y cantamos sus temas desde el corazón (y así estoy hoy, sin voz).
También ayer, fui a hacer una nota para el diario y en una charla con una compañera llegamos a la conclusión de que aunque en las charlas con amigas hablen de revistas como OhLaLá o Cosmopolitan y nosotras quedemos excluídas de la conversación porque leemos El Gráfico o Un Caño nada más, vale la pena ser vista como la menos femenina del grupo, por hablar, ver y disfrutar del deporte.
La semana pasada pude ver en vivo y en directo a una persona que luchó contra las peores adversidades y sin embargo, brilla arriba de un escenario y sin dudas, tiene un vínculo particular con la música en el que encuentra la fortaleza necesaria.
Ayer entrevisté a dos chicos de 18 años que juegan al béisbol (sí! al béisbol) en Lanús, que empezaron desde abajo, contribuyeron al desarrollo de un club amateur y hoy viajan a los Panamericanos de ese deporte a enfrentar a equipos como Estados Unidos o Venezuela. Por historias así, creo, vale la pena seguir alimentándome de estas dos cosas que me abrieron puertas y caminos y a las cuales les debo muchísimo.
Son compañías únicas y me animaría a decir, un pilar fundamental que me sostiene día a día y que construye mi personalidad. Me rehúso a vivir sin recitales y sin ver partidos o ir a la cancha a alentarte. Por eso, me gusta sentirme pequeñita y una más del montón que canta, que grita, que festeja y que el protagonismo esté en otro lado, en esos seres que se merecen toda mi atención y admiración.
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