El hombre no es ni una piedra ni una planta, y no puede justificarse a sí mismo por su mera presencia en el mundo. El hombre es hombre sólo por su negación a permanecer pasivo, por el impulso que lo proyecta desde el presente hacia el futuro y lo dirige hacia cosas con el propósito de dominarlas y darles forma. Para el hombre, existir significa remodelar la existencia. Vivir es la voluntad de vivir

lunes, 26 de marzo de 2012

El ángulo de la mirada

Vos, yo y un abismo
Infinito e imperante
Vacío y penetrante
Vos, yo y un abismo

 
La habitación, para variar, se vestía de un degradé que iba de iluminado a apagado. Sin embargo, el aura gris dominaba aun en la ventana que resplandecía por los rayos de sol. De espalda al este, profundamente contrastante, mi sombra recortaba el piso. Incauta en soledad, sincrónicamente inmutable. El silencio se dimensionaba en su propio tiempo-espacio.
Y escribo esto con la bronca de quien escupe algo atravesado en la garganta. Porque como bien dijo Ernesto, “uno se anima a llegar al dolor del otro, y la vida se convierte en un absoluto”.
Los absolutos no son más que el ensimismamiento en su máximo exponente, una burbuja de recuerdos, una dimensión aparte, puro oeste…una habitación gris en donde lo único que uno ve es su propia sombra, ignorando, en todo sentido de la palabra, que sólo basta cambiar el ángulo de la mirada para que se nos ilumine el panorama. 
Sigo buscando ese ángulo que me permita dejar de ver mi realidad de esta manera.



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