El hombre no es ni una piedra ni una planta, y no puede justificarse a sí mismo por su mera presencia en el mundo. El hombre es hombre sólo por su negación a permanecer pasivo, por el impulso que lo proyecta desde el presente hacia el futuro y lo dirige hacia cosas con el propósito de dominarlas y darles forma. Para el hombre, existir significa remodelar la existencia. Vivir es la voluntad de vivir

domingo, 19 de febrero de 2012

Acariciar otros planos

Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza. Sumisos a la rutina de la que somos esclavos, nos privamos de tantas cosas que cuando encuentran tiempo y espacio en nuestras vidas, dan indicios de que necesitamos un cambio, una revolución interna, qué está ahí, latente, esperando a que la fragilidad de nuestros corazones rotos por mundos materializados, de vidrieras, marcas, ruidos constantes, intereses bancarios, plusvalía, monopolios, burocracia, por fin se rebele. ¿Cómo es posible que puedan frenar nuestros espíritus?
El lunes pasado me tomé el tiempo para mirar atentamente a las estrellas, mientras el padre de una amiga me preguntaba cómo era vivir en Buenos Aires. Mi explicación fue simple y aburrida. La suya acerca de cómo tomar coraje, construír algo firme a sus convicciones e ideales, para no sólo repirar aire puro, me dejó con la boca abierta. Entendí que necesitaba un escaparate... Las utopías rescatan al propio ser del caos de este mundo. Soñar es acariciar otros planos, otros universos... un regocijo junto al viento. Pablo Neruda dijo alguna vez que "Las gentes cruzan el mundo en la actualidad sin apenas recordar que poseen un cuerpo y en él la vida, y hay miedo, hay miedo en el mundo de las palabras que designan el cuerpo, y se habla favorablemente de la ropa. De pantalones es posible hablar, de trajes, y de ropa interior de mujer (de medias y ligas de "señora"), como si por las calles fueran las prendas y los trajes vacíos por completo y un oscuro y obsceno guardarropas ocupara el mundo". Noto cómo es tan fácil tener ese tipo de conversaciones, que a la primer persona que me habla bajo un hermoso cielo estrellado, una brisa, un plato de comida y una sonrisa, no tengo palabras para responder.
A ver, ustedes, acelerados... ¿cuál es su apuro? ¿cuándo se van a detener un momento? ¿cuándo van a notar la savia profunda de la humanidad? ¿la risa de un niño, la paz de los hombres, el amor sin lágrimas? No hay nada peor que ser esclavos de sí mismos, del tiempo y de la tediosa rutina que ustedes crean e inventan día a día sumergidos en un sistema que asusta, pero que tiene tantas, tantas grietas como señales que nos incitan a liberarnos.
Cortas, pequeñas y moviditas vacaciones en Córdoba, pero cargadas de enseñanzas y un proyecto a largo plazo al cual quiero empezar a darle forma.
 
La riqueza de este viaje
 es el cambio a esta realidad.*

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