El hombre no es ni una piedra ni una planta, y no puede justificarse a sí mismo por su mera presencia en el mundo. El hombre es hombre sólo por su negación a permanecer pasivo, por el impulso que lo proyecta desde el presente hacia el futuro y lo dirige hacia cosas con el propósito de dominarlas y darles forma. Para el hombre, existir significa remodelar la existencia. Vivir es la voluntad de vivir

martes, 21 de febrero de 2012

Belleza de supermercado



El cuerpo en el capitalismo se convierte en una mercancía, pero las consecuencias son más gravosas para el cuerpo femenino. Programas de TV, canciones y personas del sexo opuesto tienen la capacidad de exponernos, describirnos, y lo que es peor, tratarnos como objetos sexuales. Quizás la combinación de ambos términos esté trillada, el punto es que ya es demasiado el empeño que ponen en llenar sus bocas de halagos superficiales, netamente sexistas, sin respeto alguno, sucios, intimidantes que no hacen más que definir al cuerpo femenino como objeto consumible. ¿Qué les hace pensar que un grito por la calle va a ser tomado como un piropo que levante el autoestima, señores? Sólo alientan la reproducción de un estereotipo de género que descalifica y degrada la imagen de las mujeres, ubicándolas sólo como objeto de deseo para ser "compradas", situándonos en un lugar de subordinación, inferioridad y dependencia.
La mujer, a lo largo de la historia, ha sido tratada siempre como un objeto de deseo, y como tal idealizado en la literatura de cualquier cultura: por encontrar ejemplos conocidos, podemos remitirnos a la literatura caballeresca, donde la totalidad de libros no sólo compartían el protagonismo del personaje masculino en su título sino también en la trama, donde todas las damas por igual (Orianas o Dulcineas) son simples recompensas, triunfos de caza por los que sí, el valiente caballero pondrá a prueba su brazo, su honor y su nobleza, pero simples trofeos tras la batalla cuyas únicas virtudes eran la belleza, la castidad y la fidelidad. La mujer en la literatura renacentista sólo era objeto de adoración por su belleza idealizada. Y hoy en día, me animo a decir que si seguimos comparando unos labios con unas rosas, seguimos adorando a la virginal dama como si de eso únicamente se tratara.
¿Qué tipo de anuncios van destinados al público femenino comprador? La inmensa mayoría de los que ofertan artículos de belleza, sin duda, de modo que una mujer para la publicidad sólo es un objeto preocupado por tener los dientes blancos, el trasero firme, la moda de verano, la piel tersa, buenos pechos, las pestañas un 100% más largas, el vello depilado con láser, los labios con efecto… Es decir, que si para el comprador masculino la mujer continúa siendo un premio, para el comprador femenino, la mujer sólo debe tener una obsesión: ser el premio más deseado.
¿Cuántas denuncias por acoso sexual en el trabajo han presentado los hombres? ¿Qué trabajos identificamos con la mujer? ¿Cuál es la principal cualidad que se les exige en las ofertas de trabajo? Buena presencia. ¿Por qué? ¿Acaso unos zapatos gustarán más a un hombre si se los prueba una mujer hermosa? ¿Acaso rechazaría un hombre un traje porque se lo vendió una fea? No, tan sólo es prostituir elegantemente al objeto de deseo para lograr que el hombre compre.
Suena extremista, lo sé. Quizás porque me pasaron cosas ultimamente que me llevan a escribir esto de la manera más espontánea y descargante, como si mi blog fuera una manera de hacer catarsis. Pero me resulta indignante que de manera tan constante nos vean como individuos despojados de identidad y personalidad. Simples estereotipos. Belleza de supermercado carente de una real y profunda admiración. Seres destinados a satisfacer una necesidad. La constitución de una identidad netamente superficial y funcional a un mundo de apariencias en el que es más fácil gritar a los cuatro vientos "qué buen orto", a preguntar "¿cómo estuvo tu día?"


La curva más linda de una mujer es la sonrisa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario