El hombre no es ni una piedra ni una planta, y no puede justificarse a sí mismo por su mera presencia en el mundo. El hombre es hombre sólo por su negación a permanecer pasivo, por el impulso que lo proyecta desde el presente hacia el futuro y lo dirige hacia cosas con el propósito de dominarlas y darles forma. Para el hombre, existir significa remodelar la existencia. Vivir es la voluntad de vivir

miércoles, 22 de febrero de 2012

El tiempo no me mueve, yo me muevo con el tiempo

Probablemente el tiempo sea demasiado inteligente. Puede cambiar su formato. De reloj a noches y días, o arena en caída, o soles y sombras. Puede combinar movimientos de agujas que estacionan en números y a su vez emitir sonidos, sin perderse en ningún momento. Pero no trova. No se anima a salir del libreto. Cargará toda la vida con ese dolor. El dolor de ser siempre lo mismo. Y aun así repetimos como consejo o consuelo que el tiempo todo lo cura, que es cuestión de tiempo, que hay que darnos tiempo... ¿Cómo voy a atribuirle semejante responsabilidad a algo que está sometido a hacer siempre exactamente lo mismo? Mi vida no es igual a las demás y no voy a aceptar la dictadura de un par de agujas. Suficiente con aceptar que impone ciclos, un orden. Y eso me aburre bastante. El tiempo es perfecto y como decía Galeano... "Seremos imperfectos, porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses".






Somos la ausente eternidad
(somos instantes del amor y cada grano de dolor)

No hay comentarios:

Publicar un comentario