Probablemente el tiempo sea demasiado inteligente. Puede cambiar su formato. De reloj a noches y días, o arena en caída, o soles y sombras. Puede combinar movimientos de agujas que estacionan en números y a su vez emitir sonidos, sin perderse en ningún momento. Pero no trova. No se anima a salir del libreto. Cargará toda la vida con ese dolor. El dolor de ser siempre lo mismo. Y aun así repetimos como consejo o consuelo que el tiempo todo lo cura, que es cuestión de tiempo, que hay que darnos tiempo... ¿Cómo voy a atribuirle semejante responsabilidad a algo que está sometido a hacer siempre exactamente lo mismo? Mi vida no es igual a las demás y no voy a aceptar la dictadura de un par de agujas. Suficiente con aceptar que impone ciclos, un orden. Y eso me aburre bastante. El tiempo es perfecto y como decía Galeano... "Seremos imperfectos, porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses".
Somos la ausente eternidad
(somos instantes del amor y cada grano de dolor)
No hay comentarios:
Publicar un comentario